4 de diciembre

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Se realizó una nueva edición de la Fogata de San Pedro y San Pablo en el Parque Regional Sur

La tradicional ceremonia de origen pagano, se llevó a cabo el domingo 29 de junio, con la premisa de “quemar lo viejo para dar lugar a lo nuevo”.

Miles de rosarinos se dieron cita ayer (domingo 29 de junio) en el Parque Regional Sur para compartir la tradicional fogata de San Pedro y San Pablo, ceremonia de origen pagano que se celebra todos los 29 de junio y cuya organización estuvo a cargo de la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto, los vecinos de barrio Saladillo y la Dirección del Parque.

El encuentro comenzó poco antes de las 19, cuando una multitudinaria caravana, integrada por chicos y grandes, partió desde “La Musto” hacia el espacio verde ubicado en la zona de Hungría, Centenario y el arroyo Saladillo, donde se encontraba la gran montaña de leña que iba a ser encendida.

Con el acompañamiento de la murga Matadero Sur y de la Compañía de la Media Luna, los participantes –en especial los más pequeños– convirtieron el trayecto hasta el predio en una verdadera fiesta, que fue surcada por la alegría y el entusiasmo.

Una vez en el lugar, los vecinos se fueron encontrando alrededor del montículo construido por ellos mismos, esperando que en unos minutos el calor del fuego abrace la ronda colectiva.
Pasadas las 19.40, se inició la ceremonia del encendido de la fogata.

“La fogata ya tiene 23 años. Culturalmente en el barrio tiene la implicancia del encuentro, es una festividad popular que no tiene otro objetivo que el compartir. Desde el lugar de la escuela para nosotros es importante enseñar que se puede hacer algo bello y entregarlo para un bien mayor, para lo colectivo, como es el fuego. Yo no necesito poseer ese objeto que construí sino que lo entrego al fuego y esa belleza ya deja de ser en la quietud para ser movimiento”, sostuvo Daniel Andrino, director de la escuela Musto.

El silencio reinante se fundió con el crepitar de la leña y con el color y el calor de las llamas que fueron consumiendo los muñecos colocados en la pira, transformando paulatinamente la fría noche de domingo en un momento único y mágico. Es una experiencia colectiva profunda y emocionante, en palabras de una vecina del barrio “está nevando pasado”, haciendo referencia a las cenizas que danzan entre el calor buscando el cielo.