31 de agosto

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La Casa de las Infancias: un año de trabajo que se trama desde los territorios

El dispositivo céntrico articula con espacios de promoción y prevención de derechos de los distritos para detectar situaciones de vulneración que requieren intervenciones específicas.

Los más de 8.000 nuevos niños, niñas y adolescentes que en el último año necesitaron intervenciones para el resguardo de sus derechos a través de la Casa de las Infancias reflejan la profundización de las políticas de infancias que se inició en agosto de 2024 con la apertura del dispositivo de San Lorenzo y Mitre. Más de 6.500 núcleos familiares son parte del registro que tiene la institución, emplazada en Mitre y San Lorenzo como sede física de una red que se despliega en acciones en los seis distritos, a través de los 43 centros Cuidar, y que alcanza a más de 26 mil personas, entre ellas chicas y chicos, adolescentes y adultos responsables.

Los espacios de promoción y prevención que se desarrollan en los territorios son escenarios clave donde los equipos articulan con el dispositivo céntrico para la detección de las situaciones que requieren intervenciones específicas de la Dirección General de Infancias de la Municipalidad y que son abordadas por el Servicio Local de Promoción y Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que funciona en la Casa.

Alejo Fernández trabaja en el dispositivo desde hace seis meses, pero antes pasó por las colonias de verano de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat e integró el Programa Andamios que acompaña las trayectorias escolares y funciona bajo la órbita de la Dirección General de Infancias y Familia de la Municipalidad. Ahora integra los equipos de Fortalecimiento Familiar de la misma dirección, desde donde se articula el abordaje de cada situación entre los barrios y la institución.

“Estamos teniendo más situaciones que atender porque el Estado municipal está llegando donde antes no se  llegaba a través de nuevas propuestas”, dice el joven, y remarca la ampliación del número de centros Cuidar de 32 a 43, lo que se reflejó en “un aumento del trabajo en los barrios que permite también llegar a más familias”. 

“Dentro de cada propuesta en los centros Cuidar, las personas a cargo trabajan con una mirada y ojo detector de situaciones de vulneración de derechos -explica-. Ahí se genera un primer ámbito de contención y de confianza donde el niño o niña se sienta seguro para contar una situación que amerita la intervención de los equipos u organismos a cargo”.

A su vez, muchos de los casos provienen de detecciones en los centros de salud (que también trabajan en articulación con los Cuidar) e incluso derivados de acciones de programas provinciales, como son el Plan Abre y el IBF (Intervención Barrial Focalizada).

Aunque reconoce que hay instancias que “pueden trabajarse en los mismos territorios”, señala que hay casos donde “por dificultad, por necesidad o porque se requiere otro abordaje, se los acerca a la Casa de las Infancias”, lo que se evidencia en el incremento de 44% de la demanda de intervencones registrado durante el primer año de trabajo de la institución.

El espacio permite las entrevistas con los referentes familiares al mismo tiempo que las niñas y niños cuentan con espacios de juego. “Cuando hay necesidad de trabajar con los chicos, esa misma plaza blanda es un lugar distendido que permite lograr confianza para detectar determinadas situaciones”, cuenta.

Centros Cuidar: la trama barrial

Los 43 centros Cuidar alojan a más de 9 mil niñas, niños y adolescentes y buscan así ser espacio de contención y cuidado, acompañamiento para los chicos y sus familias, y también ese sitio donde las situaciones de vulneración de derechos que requieren intervención son detectadas.

“Cada vez más buscamos que estos lugares sean una referencia para las familias”, dice el integrante de los equipos de Fortalecimiento Familiar. En eso abunda desde Las Flores Este la coordinadora del Punto Cuidar, Celina Madera, que señala que por el espacio que funciona en España 6755 pasan  a diario desde niños menores de 3 años a adultos mayores.

Camila Loza es una de las mamás de Sala de 3, donde concurre a diario Delfina, su única hija.  “Mis primos vinieron, tenía buenas referencias, yo me crié en una de estas instituciones y fue la mejor opción”, cuenta sobre lo que significó “un cambio radical” para la familia.

“Acá ella tiene mucho acompañamiento, se los cuida, se preocupan de su nutrición y están al pendiente”, dice sobre el rol de las y los docentes y sin dejar de marcar el trabajo con el resto adultas y adultos: “Hay un espacio donde una vez al mes pueden venir papás, mamás y otros integrantes de las familias que están al cuidado del niño para trabajar en muchas otras cuestiones donde podemos tener dudas”.

Lorena Cardozo, en cambio, acompaña en ese mismo espacio a Ema Luz, su cuarta hija. Antes estuvieron allí Yamila, Layla y Jeremías, que ahora participan en otras propuestas de acompañamiento escolar. “Los traigo siempre para que puedan aprender más de lo que aprenden en la escuela y no estén por ahí”, señala la mamá.

La coordinadora del Centro Cuidar afirma que la principal demanda en estos meses es el alimento. Incluso señala que una de las estrategias es dar respuesta a ese pedido y al mismo tiempo convocar a las familias para que se sumen a las propuestas para trabajar otras problemáticas, fundamentalmente de violencia al interior de las familias.

Las situaciones de “violencia intrafamiliar”, como las define Madera, es uno de los ejes de trabajo de este año a través de la creación de una Consejería de Género.

“En 2024 tuvimos muchos casos que nos alarmaron y nos llevaron a abrir este espacio para trabajar con las mujeres y con muchas de las situaciones que se dan en las familias, donde los chicos también sufren esa violencia, a veces entre hermanos o incluso en noviazgos adolescentes”, explica sobre esa labor diaria hecha en el barrio, pero que es parte de esa red de intervención que tiene a La Casa de las Infancias como sede y referencia.