17 de septiembre

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Parque Oeste, el predio que reconstruyó el tejido social de todo un barrio

Ubicado en Roullión 1998, el espacio funciona desde diciembre de 1990 brindando contención e integración a vecinas y vecinos, con el deporte y el juego como ejes centrales.

El predio Parque Oeste se caracteriza por diversas particularidades, la más saliente es que ejecutó con éxito una transformación social de base en su zona y permitió construir sólidos cimientos para que el populoso barrio que lo rodea sea contenida e integrada mediante el deporte y el juego como ejes centrales.

El enorme espacio municipal funciona a ritmo incesante desde diciembre de 1990 en Roullión 1998; cuenta con dos piletas, un anfiteatro y un espacio verde que oficia de camping con mesas en medio de diversas especies de árboles. Es un bastión neurálgico para los vecinos, quienes se apropiaron del recinto con marcado orgullo.

Histórica apertura

El Parque Oeste comenzó a funcionar en diciembre de 1990, pese a que la construcción del predio se había iniciado a mediados de 1980. En esa etapa se construyó la pileta, que tiene 25 x 12 metros y llega a los dos metros de profundidad de promedio; una sala de máquinas, un salón de usos múltiples y vestuarios, entre otras edificaciones.

El registro de la vida recreativa y cultural comenzó a pulmón. Hay testimonios que marcan que antes de que se nombrara oficialmente como predio al espacio físico, una vecina le daba vida al salón ofreciendo folclore. También había un grupo de chicos en situación de calle que se alojaban allí y que comenzaron a tener un primer punto de encuentro mediante la creación de la panadería Levavida, que fue puesta en marcha junto a la Asociación Civil Chicos y la Municipalidad.

“Cuando Miguel Bebán asumió como director de Deportes y la profesora Elida Rasino como subdirectora, se gestó, junto a un grupo de jóvenes, un proyecto para trabajar el juego, la recreación y el deporte en la ciudad. Este sigue siendo un poco el origen de lo que es la Dirección de Deporte Comunitario en el formato que hoy conocemos, pese a toda su gran variedad y complejidad”, expresó el profesor Daniel Catania, quien fue uno de los primeros profesionales en llevar adelante el innovador proyecto para los vecinos de zona Oeste.

En el plan de recuperación del predio, “mi labor fue reunir junto al profe Manolo Andrade a los pibes del barrio para que se sumaran. También convocamos a un grupo de vecinos y se generó una Asociación de Amigos para el Parque. Era una manera de comenzar a comprometerlos con el espacio”, recordó Catania, quien fue profe y luego coordinador del complejo.

Había que direccionar esa apropiación porque el terreno venía siendo “tierra de nadie”. Era difícil transitar por el recinto en esa época donde había muchas malezas. “Lo positivo es que en la periferia del bosque se fueron instalando algunas asociaciones infantiles de fútbol como el club Recuerdo Evita, República de Venezuela, Juan Pablo II y Villa Urquiza, y eso también fue importante para darle otra impronta a la zona”, sostuvo Daniel.

Estrenaron pileta

El 26 de enero de 1991 se puso en funcionamiento la pileta tras arduas tareas de mantenimiento. Fue así que surgieron las clases de natación, además de las de gimnasia aeróbica y folclore. También arrancaron las primeras actividades físicas y fases recreativas con niños y niñas. La idea era que sea un punto de encuentro de los vecinos. Ese mes se puso en movimiento el predio, que sigue girando hasta la actualidad a buen ritmo.

En sus comienzos participaban principalmente en las actividades del predio los pobladores tradicionales de la zona y, de a poco, se sumaron los nuevos vecinos del Fonavi y de los asentamientos de alrededores. Se fue reconstruyendo así el tejido colectivo con tenacidad y armonía.

Creación de la Ludoteca

Daniel Catania y Liliana Zaro, junto a un grupo de profes, entre ellos Sandra Seuchuck, decidieron darle forma y vida a la Ludoteca, que se fundó el 29 de julio de 1996. Hasta hoy pasó por diferentes etapas, cubriendo distintas necesidades y posibilitando tener un amplio margen para trabajar con chicos, jóvenes y adultos de la zona.

Múltiples son las distintas propuestas lúdicas que se desarrollaron a lo largo del tiempo: la construcción de barriletes y el abordaje del viento; eventos para fechas patrias; participación en los Aquajuegos en el polideportivo de Saladillo, que era una actividad monstruosa y popular que marcó realmente lo recreativo y social; fabricación de títeres gigantes y paracaídas; la creación de una murga propia con la que salían a recorrer la zona.

A eso hay que agregarle que funcionaba (como en la actualidad) la colonia, la pileta, las prácticas de vóley, handball, gimnasia y fútbol. Sin dudas, el juego es creador de cultura y a través del juego se puede desarrollar la transformación social, y este predio puede dar fe de que lo lograron.

Otra pieza importante en el día a día es Leandro Ferlazzo. “Trabajo en el predio hace 14 años. La práctica varió bastante desde los inicios a esta parte. Al leer las necesidades del barrio supimos interpretar que además de lo deportivo había que inyectarle fuerza en un trabajo más social para albergar a todos los vecinos. Fuimos cambiando las miradas y conociendo las particularidades del barrio en pos de ganar espacio y alojar desde los chicos de la primera infancia hasta los adultos mayores”, destacó el profe del playón.

Cabe remarcar que la Ludoteca reabrió sus puertas hace tres años, “con nueva modalidad, es decir, ahora está destinada para todos los niños pero se hace mucho hincapié en menores de seis años, que son aquellos que no tienen actividades deportivas”, acotó Rosana García. La Chiqui, como la conocen todos, tiene 37 años y es profe del Parque Oeste “desde hace casi una década”.

“Ya no vivo en el barrio, pero de chica era una vecina más. De hecho empecé a venir al predio a los siete años. Hice la colonia, escuela de natación. Integré el primer grupo de animadores que se armó en este espacio y se llamaba Jóvenes por Siempre. Desde pequeña tuve en claro que quería ser profe. Estudié, quería trabajar en esto que es mi casa y acá estoy, en mi lugar, en mi casa. Esto es mi vida”, sintetizó emocionada.

Más que animadores juveniles

Maximiliano Abreliano tiene 20 años y un gran sentido de pertenencia por el Parque Oeste. “Vengo a hacer deporte, pero soy animador y ayudante de colonia. Ahora vivo en barrio Roca, pero me crié en el Fonavi”, expresó.

“A los seis años venía a la colonia del predio. Este predio me dio el lugar que necesitaba. Me incentiva a querer ser un profesor y aprender más. Es mi segunda casa. Los profes nos enseñan y valoran”, afrim´p emocionado.

Por su parte, Daniela Michelud contó que “a los 6 años empecé la colonia, y mi mamá hacía natación. Siempre me gustó venir. Por eso cuando salió la chance de colaborar no lo dudé. Voy a la facultad porque estudio Derecho, pero cada vez que puedo vengo”. Y acotó: “Acá se aprende, se comparte, se hacen cosas lindas por los demás. El predio es una parte importante de mi vida”.

Micaela Gioppo tiene 19 años y colabora con los profes desde los 15. “Vine a la colonia a los seis años porque mi abuela Margarita hacía natación. Este es mi segundo hogar. Puedo expresarme y si necesito desconectarme, acá me relajo. Es como una cuna”, sintetizó.

Por su parte, Santiago González (21 años) sostuvo que “a los cinco años empecé a venir a la ludoteca, y luego empecé la colonia. Desde los 13 colaboro como animador juvenil. Está bueno dar una mano. El predio ayuda a sacar a los pibes de la calle de las cosas malas”.

En tanto, Lautaro Zeballos (24 años) afirmó que “mis tiempos libres los paso acá. Me despeja. Vine a la ludotea y a la colonia. Esto es como mi casa. Este predio fue una creación hermosa. Es un ambiente sano”.

Vecinas de alta fidelidad

Marcela Casafus no vaciló en resaltar el amor incondicional que siente por el predio. “Empecé a venir en noviembre de 1994, y vivo a una cuadra y media de este hermoso lugar. Hice gimnasia y natación. Esto es algo hermoso”, contó la mujer de 78 años.

“Hace una vida que estoy acá. En 2017 me enfermé y falté durante mucho tiempo, pero gracias a Dios estoy de vuelta. El predio es parte de mi vida”, aseguró con la voz entrecortada.

Además, confesó: “Con Clarita, quien era una amiga que ya no está, traíamos a varios chicos de la zona porque sus padres no podían hacerlo debido a que trabajaban. Así fue que muchos pudieron pasar un lindo momento en la pileta recreativa y conocer además nuevos compañeritos”.

Yolanda Carignano es otra gran referente del lugar. Tiene casi 76 años y hace cerca tres décadas que concurre a lo que ellas denominan la quinta. “Después de quedar viuda empecé a hacer algo de actividad. Necesitaba un pasatiempo, y acá encontré mucho más que eso”, desprendió la mujer que vive a una cuadra y media del predio.Y agregó: “Muchos años atrás, este lugar estaba lleno de árboles frutales. Tener este espacio, para muchas de nosotras, es la gloria”.

“Hice teatro, yoga y coro”, mencionó, para luego compartir: “Tuve una operación de corazón, estaba mal. Pensaba que no podría venir nunca más, pero gracias a Dios pude volver. Ahora hago gimnasia. Este predio es un pedazo de mi vida. Me siento cómoda, bien. Y es fundamental para las personas grandes porque tenemos un lugar para recrearnos y sociabilizar”.

Profe y faro de referencia

Leonardo Suárez realizó la primera temporada en el Parque Oeste en diciembre de 1995; desde entonces es todo un referente y hace 11 años coordina el predio. “Mantuvimos actividades muy populares y tradicionales. Hay algunas que son de verano como la colonia de vacaciones y la escuela de natación, que funcionan por la mañana. Mientras que por la tarde es recreativa. Y otras de invierno, donde hay planes para adultos mayores como gimnasia aerolocal y funcional. Además contamos con natación, fútbol, handball, zumba, básquet y vóley”, explicó.

Leo afirmó que “tener dos piletas, una de 25 x 12 metros y una más chica de 10 x 3 nos permite albergar en un temporada normal entre 300 y 350 personas por día. Claro que por Covid bajó el nivel de convocatoria por cuestiones sanitarias de protocolos”.

“Desde hace muchos años funciona el grupo de animadores juveniles. En su momento venían a realizar diferentes actividades y ahora se sumaron para ayudar. Apuntalan a los pibes más vulnerables. Es un grupo sólido y con un fuerte compromiso social. Colaboran en la colonia, entre otros temas. Sienten esto como propio. Son chicos hermosos”, destacó Suárez.

Puertas hacia adentro

El predio cuenta con dos alas. La denominada Sur tiene un zoom donde se realizan diversas actividades deportivas, sobre todo en invierno, mientras que los días de lluvias funciona la Ludoteca. A eso hay que sumarle que hay un salón más pequeño donde funciona un taller de arte, que pertenece a la Dirección de Adultas y Adultos Mayores, donde además se brinda el curso de tela. El espacio ofrece además la práctica de ajedrez, que está bajo la órbita de Cultura del Distrito Oeste, y Taekwondo. En el predio funciona también la escuela primaria para adultos. Y a la vez hay un centro de educación física incorporado especial con capacidades diferentes.

Por su parte, el ala Norte está compuesta por los vestuarios, oficina de coordinación donde funciona el Caeba y el centro de Educación de Física, y un taller para las reparaciones. El dato saliente es que entre las dos alas hay una pasarela que va de Roullión al medio del Parque. El mismo lugar donde se reconstruyó el tejido social y brinda desde hace un largo período un cálido espacio a los vecinos.

El origen del predio 

El complejo tiene sus raíces en la ex quinta Luciani, que era un lugar privado donde jóvenes y niños iban a jugar y experimentar las bondades de un espacio amplio y abierto. El lugar contaba con una gran variedad de árboles frutales y era un lugar de aventura y entretenimiento para los más chicos. Comer moras era una de las actividades más placenteras para los pequeños que se acercaban a jugar en medio de semejante vegetación, pero con el paso del tiempo el predio fue quedando a merced de diversas cuestiones.

Los vecinos y las vecinas de la zona testifican con orgullo que don Luciani donó las tierras a la Municipalidad para crear un parque, en un momento de la historia nacional delicada desde lo económico y social. Y así el Estado local fue reinsertando a mucha gente mediante un conjunto de actividades sociales que hoy siguen siendo pilares del tradicional predio.

Parque Oeste

ROUILLON ALFREDO 1998

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